Mayor
(G, citado por Ouspensky en “En busca de lo milagroso,” p.
203)
“Es imposible reconocer un camino incorrecto sin conocer el camino correcto. Esto significa que es inútil preocuparse con reconocer un camino incorrecto. Uno debe pensar cómo encontrar el camino correcto. De esto es de lo que estamos hablando todo el tiempo. No puede ser dicho en dos palabras. Pero de lo que he dicho puedes sacar muchas conclusiones útiles si recuerdas todo lo que ha sido dicho y todo lo que surge de ello. Por ejemplo, puedes ver que el maestro siempre corresponde al nivel del pupilo. Mientras mas elevado está el pupilo, más elevado puede estar el maestro. Pero un pupilo de un nivel que no es particularmente elevado no puede contar con un maestro de un nivel muy alto. De hecho un pupilo nunca puede ver el nivel del maestro. Esto es ley. Nadie puede ver más arriba de su propio nivel. Pero usualmente la gente no sólo no sabe esto, sino, por el contrario, mientras más bajo están ellos mismos, más elevado es el maestro que demandan. El entendimiento correcto de este punto ya es un entendimiento muy considerable. Pero ocurre muy raramente. Usualmente el hombre mismo no vale un pedo pero debe tener como maestro a nadie mas que Jesus Cristo. Con menos no se contentará. Y nunca entra en su cabeza que aún si llegara a conocer semejante maestro como Jesus Cristo, tomándolo como es descrito en los Evangelios, nunca podría seguirlo porque sería necesario estar al nivel de un apóstol para ser un pupilo de Jesus Cristo. Aquí hay una ley definida. Mientras más elevado el maestro, más difícil para el pupilo. Y si la diferencia entre los niveles del maestro y el pupilo pasa de cierto límite, las dificultades en el sendero del pupilo se vuelven insuperables. Es exactamente en conexión con esta ley que ocurre una de las reglas fundamentales del cuarto camino. En el cuarto camino no existe un maestro. Quien sea el mayor, ése es el maestro. Y como el maestro es indispensable para el pupilo, así también es el pupilo indispensable para el maestro. El pupilo no puede seguir sin el maestro, y el maestro no puede seguir sin el pupilo o pupilos. Y esto no es una consideración general sino una regla indispensable y bien concreta en la cual está basada la ley del ascenso de un hombre. Como ha sido dicho antes, nadie puede ascender a un escalón superior hasta que ponga a otro hombre en su propio lugar. Lo que un hombre recibe debe inmediatamente darlo nuevamente; solo entonces puede recibir más. De lo contrario le será quitado aún aquello que ya se le había dado.”
(G, citado por Ouspensky en “En busca de lo milagroso” p. 294)
“Hablando en general debe entenderse que el eneagrama es un símbolo universal. Todo el conocimiento puede ser incluído en el eneagrama y con la ayuda del eneagrama puede ser interpretado. Y en esta conexión solo aquello que un hombre puede poner en el eneagrama es lo que realmente sabe, es decir, entiende. Lo que no puede poner en el eneagrama, no lo entiende. Para el hombre que puede usarlo, el eneagrama hace a libros y bibliotecas enteramente innecesarios. Todo puede ser incluído y leído en el eneagrama. Un hombre puede estar muy solo en el desierto y puede trazar el eneagrama en la arena y en él leer las leyes eternas del universo. Y cada vez puede aprender algo nuevo, algo que antes no sabía.
“Si dos hombres que han estado en diferentes escuelas se conocen, dibujarán el eneagrama y con su ayuda podrán de inmediato establecer cuál de ellos sabe más y cuál, consecuentemente, está en qué escalón, es decir, cuál es el mayor, cuál es el maestro y cuál el pupilo. El eneagrama es el jeroglífico fundamental de un lenguaje universal que tiene tantos significados diferentes como niveles de hombres existen.”